lunes, 31 de enero de 2011

El tractor y yo

Queridos amigos: Con curiosidad, me asomo al mundo de los Blogs. Nunca he sido reticente a las innovaciones técnicas: me apunté de inmediato al uso de Internet y fui la primera que, en mi departamento universitario, puso correo electrónico (año 1996), pero no había metido la patita en el mundo de los Blogs. Ahora es la primera vez que lo hago desde el portal amigo de “Más que máquinas”. Muchos lectores no me conocéis, pero yo, a la mayoría de los posibles visitantes del Blog, sí. Sois el grupo de amigos de los tractores y las máquinas agrícolas, y muchos sois agricultores, o sea, hombres cabales, recios y sufridores. Por cierto, desde ya, vaya por delante que me sigue gustando el uso genérico de las palabras (en este caso “agricultores”, “hombres”), que incluyen a todo el género humano, hombres y mujeres. Nunca he tenido problemas, siendo mujer, al moverme en el mundo de la maquinaria agrícola en el que siempre me he sentido respetada y valorada… siempre que no dijera estupideces, claro, condición necesaria para ser respetada sin agarrarse a supuestas declaraciones de igualdad. Vamos, que nos entendemos. Tengo alguna amiga agricultora que le da ciento y raya a todo el que se ponga por delante, pero no me voy a rebajar a insistir en un tema que no merece la pena. El que tenga problemas, que se los solucione y lo lamento, pero sin argumentos… improcedentes (he sido buena y me he controlado). Para que no os creáis que hablo de “teorías” (ya, ya, es de lo que nos acusan a los especímenes universitarios) os diré que no hablo de vacile. Si algo he rozado el recelo femenino de la gente del campo ha sido… de mi marido, pero eso entra en aquello de que “donde hay confianza, da asco” y se trata, más bien, de un motivo más de buscarle la “chispa de la vida” a la relación matrimonial, así que no ha llegado la sangre al río y sigo sosteniendo (a pesar de ese cerril ciudadano agricultor con el que convivo) que en el mundo de la agricultura no hay problemas de “igualdad”, así que espero que este portal sea variado, también en el sexo de sus visitantes. Yo estoy en la Universidad y me encanta aprender de los hombres cabales, así que voy a aprovechar la plataforma que ofrece este Blog para dirigirme a vosotros con confianza, en la seguridad de estar entre amigos. Como a mí, os gustan los tractores, pero vosotros sabéis mucho más que yo, que los veo más en papel, aunque intento acercarme todo lo que puedo a verlos trabajar para aprender. No desespero y a lo mejor, antes de jubilarme, consigo saber algo. Me he pasado años estudiando y estudiando, y una vez, hasta escribí unos apuntes para las clases, pero lo que más gustó a la comisión que tiene que aprobar las publicaciones de la Escuela fue ¡el prólogo! Yo, desolada ¿Y todos los conocimientos? Pues, nada; el prólogo, que me había salido muy cariñoso con mi amigo el tractor (algún día hasta lo comparto). A la gente le gusta que le hablen no sólo con ciencia –en mi caso, poca–, sino con el corazón (claro que, pasado el prólogo, mis alumnos piensan más bien que mi corazón es duro como una piedra). Ya sé que muchos estáis fastidiados con la situación actual de la agricultura. Por muy recio que uno sea, el tiempo y los golpes lo desgastan todo. Muchos lleváis años y años sacando provecho de la tierra y ahora… esta maldita crisis. También los tractores, cuando cumplen años y les salen achaques, bufan y pierden el ánimo. Necesitan revisiones, cambio de piezas y todo tipo de arreglos, y se los hacemos, sí, pero al tractor le gustaría seguir siendo esa máquina que hacía su trabajo con eficacia y dependía lo imprescindible de los demás. Y sufren. Yo, cuando voy al campo a hacer algún ensayo y veo uno "veterano", sin que me vean los compañeros, lo acaricio, le hago cariñitos y le pregunto bajito cómo se encuentra, porque sé que le gusta. Que sí, que estoy como un cencerro porque son tractores, pero yo los quiero muchísimo y sufro si los veo decaídos, ya me entendéis. En este primer contacto, vamos a ser sinceros. El Blog se llama “Más que máquinas” y voy a tomar el rábano por las hojas y decir que sí, que más que una máquina es el tractor. No voy a ocultar mi preferencia por el tractor, a pesar de reconocer que está al servicio del resto de las máquinas y los cultivos. De todo hablaremos aquí, tanto yo como otros compañeros, pero vaya por delante mi cariño por ese adorable vehículo, que no es necesariamente “pequeño, peludo y suave […] tierno y mimoso...” pero que sí es “fuerte y seco por dentro, como de piedra […], los hombres del campo, se quedan mirándolo y dicen: Tiene acero...” Pues esto no será “Platero y yo”, sino “El tractor y yo” y, desde luego tiene acero. ¡Que paséis un buen día! Nos vemos, Pilar

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